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Parece que José Antonio Griñán ha dado un golpe de efecto “reclutando” a Rosa Aguilar para su nuevo gobierno. El golpe se lo ha llevado también la dirección de IU que se han quedado indignados ante la decisión de la ya ex-alcaldesa de Córdoba, pero ¿que se esperaban ellos que ocurriera al no saber gestionar  uno de los principales activos del partido? El malestar de Rosa Aguilar ya era patente desde hace tiempo y la dirección regional lejos de cederle mayor protagonismo en al ámbito andaluz la mantuvieron alejada del Parlamento Autonómico, no vaya a ser que le quite el sillón a alguién. Cuando lo que pedía (y pide) IU/CA es una renovación total, los andaluces nos merecemos una oposición de izquierdas fuerte que sea capaz de ser alternativa clara de gobierno.

Otros hablan de deslealtad, quizá los mismos que callaron cuando Paco Frutos pactó con Almunia, pero el Ayuntamiento de Córdoba sigue en manos de IU, no se le puede tachar, por tanto, de tránfuga. Al gobierno andaluz va como independiente, como entra Ángel Gabilondo en el nuevo ejecutivo nacional.

Tiene Griñán una labor dificil, la de levantar el vuelo de una Andalucía en horas bajas. Recibe de Chaves un gobierno desgastado y con la popularidad por los suelos. Dispone de dos años para poder demostrar su valía, poco si se tiene en cuanta que el trabajo que le queda por hacer es muchísimo. La “herencia” de Chaves, lejos de ser un regalo, es un caramelo envenenado.

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